Estamos acostumbrados a satisfacer necesidades inútiles. Inútiles como... nosotros mismos. En sí, en nuestro 40 por ciento ya que el 60 por ciento restante es agua, somos inútiles, ¿qué aportamos al mundo? Somos simples. Como decían en una película que algunos sabréis, somos la mierda cantante y danzante del mundo. ¿Pero y qué? Yo satisfago mis necesidades inútiles a cada momento. ¿Qué necesidad tengo a parte de encontrarme a mi mismo de escribir esto? ¿Qué necesidad tengo de tener una pantalla jodidamente grande ante mis ojos? ¿Qué necesidad tengo de estar escuchando música compuesta por grandes discofráficas que en la vida les voy a importar una mierda?
Todas las grandes empresas son así, vender,vender,vender. Y si esto sigue asi, perdonadme pero yo me bajo en la próxima estación. ¿No podrían las grandes empresas vender solo para satisfacer necesidades, sin llevarse ellos dinero o que las mierdas que le compres no se rompan a los tres segundos de ser usada? O por lo menos no decirnos que debemos y no debemos comprar, de qué color y de qué forma. Y todo esto lo dice alguien con una Blackberry. Porque a veces aunque pongas todo tu empeño en no caer, caes.
Tu puedes saltar por un precipicio, poner mucho empeño en caer pero la ramera gravedad te va a hacer estamparte contra el suelo, de una forma violenta y sucia.
Violento y sucio, como el futuro que nos espera. Mañana NO será otro día, será una nueva inútil necesidad.
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